miércoles, 27 de diciembre de 2017

La Odisea, de Homero

Como última reseña del año os presentamos La Odisea, uno de esos libros eternos en las listas de pendientes. Yo conseguí leerlo en 2017, y desde el blog os invitamos a leer La Odisea en 2018, o cualquier otro reto literario para el que nunca sacáis tiempo. Si yo complí el mío, vosotros también podréis cumplir el vuestro.

Yo quería leer una de las dos obras más conocidas atribuidas tradicionalmente a Homero: La Odisea y La Ilíada, que aparecen en las listas de lecturas más absolutas: como imprescindibles, como libros clásicos de calidad, como fuente de inspiración para innumerables autores. Me costó decidirme, pero por fin cogí la edición de La Odisea de hace 40 años (se dice pronto) que rondaba por casa de mis padres, y me he sorprendido de lo mucho que ya conocía de la historia.


No está muy claro cuándo se escribió La Odisea, ni siquiera si Homero existió y fue su autor, pero se cree que este poema épico se redactó en los siglos VII u VIII a.C., como poema o recopilación de poemas antiguos.

Mi primer dilema al leer a los clásicos fue muy típico: ¿cuál leo primero, La Ilíada o La Odisea? En mi caso la disyuntiva se resolvió pronto: leí el que tenía a mano, pero si os da igual, ¿cuál elegir?

Busto de Homero (wikipedia)
La Ilíada habla del comienzo de la Guerra de Troya: del rapto de Helena y de la decisión de marchar a rescatarla. La Odisea habla de cómo Odiseo, tras 9 años luchando en la Guerra de Troya, intenta volver a casa (Ítaca) y de lo difícil que le resulta. Allí, en su tierra, le esperan Penelopea y su hijo Telémaco, a quien dejó casi recién nacido, y que ahora es todo un hombre que ve cómo los pretendientes de su madre van menguando su herencia. No saben si Odiseo está muerto, o si volverá algún día junto a su familia.

Dicen que el orden correcto es empezar por La Ilíada, claro, pero también que es más difícil, y que el poema está inacabado. Hasta que no lo lea no podré hacer estos consejos míos, pero desde luego que con una buena introducción podéis leer perfectamente La Odisea sin temor a perderos por el argumento.

La edición elegida de cualquier libro que leamos es importante, pero cuando se trata de traducciones o de libros tan antiguos, mucho más. La Odisea está escrita en griego antiguo, en una mezcla de dialectos, además de en verso. Por lo que a la hora de elegir la versión que queremos leer debemos tener en cuenta nuestro nivel de cultura clásica y / o el objetivo de la lectura.

Yo leí el que tenía en casa: una edición de Bruguera del año 1973 que a mi padre le costó la friolera de 100 pesetas. Recoge una traducción en prosa de 1910 del profesor Segalar Estalella, que pretende hacer comprensible una obra de otro tiempo al lector „contemporáneo“. En la introducción explican claramente dónde rayan las dificultades: no sólo está el verso, ni el argumento, sino la diferencia cultural a través de los siglos. ¿Cómo se dice pensar, con otras palabras? Los griegos por entonces no pensaban, sino que „hablaban consigo mismo“, por ejemplo, ya que el concepto de pensar es más moderno. Y así con, al parecer, innumerables palabras. Esta edición es para leer una historia, pero no nos sirve si lo que pretendemos es hacer un estudio más detallado del estilo o del idioma.

Obviamente renunciar a una traducción más fidedigna implica pérdida en los matices, que de por sí ya son pocos si leemos un clásico desde la modernidad, sobre todo uno donde hay tantos sentimientos en juego: odio, violencia, nostalgia, amor, deseo, venganza, justicia... por eso hay que leerlo despacio, y tras las frases cortas donde salen las espadas, o alguien es devorado, buscar e imaginar un dramatismo que, bien por la traducción, bien porque no se estilaba, no abunda en el libro.

Cartel de la película (1995)
Me ha encantado del libro lo fácil que es, tantos años después, entender a Odiseo, a Telémaco y a Penelopea, cómo muchos de los sentimientos, aunque distintos, son internacionales y atemporales. El honor y la obediencia, o el deseo de venganza, por ejemplo, se pueden explicar de muchas maneras, pero Homero los describe de forma absoluta, sin matices, de forma que a veces tenemos que tomar aliento entre escena y escena para digerir lo que Homero nos cuenta.

En mi opinión el sentimiento mejor descrito en el libro es la fe: fe inquebrantable de Odiseo en volver a ver su tierra, a pesar de los contratiempos, y en los dioses, que no siempre se lo ponen fácil. Fe de Telémaco, que cree que su padre volverá, y de Penelopea, que se resiste a casarse en segundas nupcias. Algunas de las escenas me han recordado el Nuevo Testamento, sobre todo los Hechos de los Apóstoles, y sin querer contar demasiado de la obra, os diré que no conocía el innegable paralelismo entre Odiseo y Jesús en algunas escenas.

Este paralelismo, que algún día exploraré más a fondo, prueba que la cultura griega es la base de la nuestra, y de otras muchas también. Y que si no la estudiamos, por no parecernos útil en los tiempos que corren, no aprenderemos de dónde venimos. Y nos costará predecir hacia dónde vamos.

Pendiente queda para el 2018 la lectura de otros clásicos y también, por supuesto, la relectura de Fausto y del Ulises de Joyce. Quizá ahora entienda mejor las inspiraciones de sus autores. Y con estas obras no habré hecho más que empezar a descubrir hasta dónde llega Odiseo (o Ulises) en nuestros días: Ítaca sólo era el comienzo.

Feliz año a todos.

Ratita de laboratorio

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