viernes, 17 de marzo de 2017

El cuaderno gris, de Josep Pla

El cuaderno gris estuvo en mis manos mucho tiempo atrás, en una biblioteca, pero su tamaño (800 páginas) me hizo renunciar a la idea de leerlo. Otras lecturas me han llevado a él, aunque el último empujón para decidirme fue una recomendación desde el blog. Uno de nuestros lectores lo comparó con En busca del tiempo perdido, y me decidí a pedirlo prestado, con la promesa de no meter prisa para devolverlo. Es un libro muy largo, y no es (del todo) ficción, por lo que cuesta un poco leerlo, pero creo que ahora conozco mejor a uno de los autores más importantes (y más leídos) en catalán. 



Josep Pla es un autor de los que llamaríamos contradictorios: acusado por unos de franquista, censurado por otros por catalanista, es de esos intelectuales que en vez de ser amado, es odiado por todos, por haber hecho siempre lo que ha querido y haber dado siempre su opinión. Ciñéndonos a los hechos, Pla defendió la República criticándola, defendió a Franco (dicen) hasta que vio que nunca permitiría evolucionar al país como democracia, escribió cuanto pudo en catalán sin entender la censura, pues era su lengua y quería colaborar y ayudar en su desarrollo y, tras viajar por todo el mundo, decidió mudarse a su pueblo en el Ampurdán, pues le gustaba la tranquilidad. Con el tiempo su trabajo ha sido reconocido por todos independientemente de sus ideas políticas, aunque las editoriales y el público lo supieron siempre: Pla es el autor más leído en su lengua materna.

El cuaderno gris se publicó el año 1966, y es un dietario del autor que empieza el 8 de marzo de 1918 y termina el 15 de noviembre de 1919. Pla corrigió y reescribió muchas de sus obras, por lo que es difícil saber cuándo escribió ésta, y se cree que el dietario no es un diario real. Es considerado el libro más importante del autor, y en él da su opinión sobre la sociedad catalana, describe el Ampurdán, sus paisajes y gentes y nos cuenta sus progresos como escritor.

Wikipedia
El cuaderno gris empieza con la clausura de la Universidad debido a la epidemia de gripe, que obliga a Pla y a los demás estudiantes a hacer una pausa en sus estudios. Sin nada mejor que hacer, Pla comienza a redactar su cuaderno, pues es incapaz de ponerse a estudiar. Nos cuenta cómo se siente, y lo que le pasa, que muchas veces no es mucho. Sus charlas con los amigos, las tertulias del bar del pueblo, anécdotas sin importancia. Y, entremedias, va redactando frases que nos van mostrando a un Pla culto, reflexivo y sarcástico. Unos días sobre política, otro sobre los paisajes que le rodean, Pla nos describe su mundo y nos invita a entrar en él.

Lo mejor de El cuaderno gris es el retrato, muchas veces crítico pero desde el amor profundo, que intenta hacer sobre todo del Ampurdán. Como él afirma, a veces es más difícil describir que novelar, e intenta ser objetivo mostrando tintes naturalistas. Lo que hace también es huir del novecentismo, corriente contemporánea, y acercarse a un realismo que tiene más que ver con Proust (como dijo nuestro querido seguidor) de lo que puede parecer a simple vista. Los dos tienen estilos distintos y buscan cosas distintas en su descripción de la realidad: donde Proust habla de arte que transporta, Pla busca el arte en la sencillez, pero los dos parten y describen lo que ven, la sociedad y el paisaje que les rodea. Y los dos consiguen crear un (su) propio mundo, al que accedemos a través de la lectura. Yo creo que Proust influyó a Pla, aunque en el libro diga que en esa época aún no lo había leído.

Yo conocí a Pla con Madrid. El advenimiento de la República, que escribió en sus tiempos de corresponsal en Madrid, desde donde vivió el nacimiento de la Segunda República Española. En él leí cómo llamaba tonto a Franco y afirmaba algo así como que ni siquiera se saludaban en el Congreso. Por eso siempre he dudado de su franquismo y, al leer algo más sobre él no he podido evitar (como ya han hecho varios) relacionarlo con Chaves Nogales. También periodista, Pla dice lo que piensa y no se calla, y con su sinceridad consiguió no contentar a nadie. Da la impresión de que también era excéntrico, y de que a pesar de su afabilidad en el trato, llevaba bien la soledad. Por eso pudo ser fiel a sus pensamientos y a sus contradicciones, o quizá sean acertadas sus críticas de ambigüedad, no lo sé, pero así era él y así había que aceptarlo. Por eso me ha encantado leer este libro, donde leo en un supuesto Pla (recordemos que el libro no es del todo autobiográfico) a un hombre reservado y observador, que quería escribir, y que muchas veces no entendía a aquellos que hablaban por hablar. Además he leído sobre sus comienzos como autor, sus dudas, sus páginas rotas y tiradas a la basura. Cada día me interesan más los primeros pasos de los escritores.

Por supuesto, es un imprescindible para los que se interesan por la literatura española del s. XX, y si lo podéis leer en catalán, pues mucho mejor. Pero es tan largo, y pasa tan poco, que si sois más de novelas, mejor es que no lo empecéis. O que no lo leáis del tirón: al no tener argumento, este libro se deja leer a pedazos, y puede ser hasta mejor para su lectura (como dice el propio Pla). Así además permitiremos que Pla nos acompañe durante más tiempo, y que disfrutemos de muchas de sus frases-perla, que merecen una reflexión.

Yo tengo que devolver el libro, pero me uno al club de los que dicen que El cuaderno gris es de los libros que cada cierto tiempo hay que hojear.

Ratita de laboratorio






1 comentario:

  1. Hola Fati:
    Hace tiempo que leí tu reseña del Cuaderno Gris, pero mi desidia me ha impedido contestarte.
    Me alegro mucho que te hayas leído el libro y que te haya gustado. Para mi es uno de mis libros favoritos, aunque como bien dices no es un libro para leerlo de un tirón, se puede hacer un libro aburridísimo. La primera vez que leí el Cuaderno Gris fue entre lecturas de libros, leía cincuenta o sesenta páginas y hasta el siguiente libro. Ahora lo leo de vez en cuando por cualquier página, aunque tengo unos diez post-its pequeños pegados en las hojas donde están señalados pasajes memorables. Recuerdo el vencimiento de las letras y las aventuras que tenía que hacer Pla para pagarlas, las vivencias con algunos profesores de la Universidad; en especial la excursión al campo a recoger insectos. También son magnificas las anécdotas de algunos familiares como la tía y la abuela Marieta y otros conocidos.
    En el Cuaderno Gris se describen perfectamente la sociedad del momento, las costumbres de la gente, las modas, las inquietudes, los desajustes sociales, la diferencia entre la ciudad y el campo. Pero además Pla le da un toque muy personal, aplicando finas dosis de humor, ironía y sarcasmo en determinados momentos, descripciones perfectas de paisajes en otros, coloquios y charlas entre amigos que van desde la conversación más intrascendente hasta asuntos literarios o políticos de lo más interesante.
    Aunque Pla estuvo muchos años de corresponsal en varias ciudades del mundo creo que siempre fue un hombre de pueblo, que amaba la naturaleza. El libro está plagado de comentarios y anécdotas sobre campo, los montes, el mar. Reflexiones y pensamientos sobre las verduras de temporada, los árboles, las flores, los vinos de la tierra, etc.
    Yo cuando leí a Proust (me decidí por tus reseñas) vi muchas analogías con Pla, aunque este último tiene un estilo más directo y se nota mucho la diferencia social. Coincido contigo que Pla nos engaña cuando dice que no había leído a Proust.
    En fin, que me ha encantado que te hayas leído y que hayas disfrutado con él. Si has leído este libro, tienes que leerte “La calle estrecha”. Este se puede leer de un tirón y es un libro muy, muy bonito. Yo lo he leído tres veces, siempre disfruto con su lectura y espero leerlo alguna más. Siempre lo recomiendo a la gente que le gusta leer buena literatura y que no le importa que en un libro no pase prácticamente nada.
    Besos a las dos

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